Durmiendo con el enemigo

[italiano]

Si nos ponemos a pensar cuáles son los enemigos de nuestra generación vamos a coincidir en ciertos objetos: la Internet, el celular, los tablets, el computador, cada lista tendrá otra clase de enemigos, pero estos los traigo a colación porque, evidentemente tienen algo en común y creo que a causa de su novedad no hemos llegado al punto del problema. Mi mamá me hacía levantar a horas alucinantes para ser las primeras en las filas y no tener que esperar largo rato de pie o sentadas, el trauma era el mismo. Era terrible tener que esperar horas para que el doctor nos atendiera o para sacar un papel de vida o muerte. Tan distinto a la cómoda reacción de la gente que a la voz de espera piensa en que va a tener tiempo de revisar unas cositas en el celular o va a pasar al siguiente nivel de Angry Birds.

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De todos modos, esta página no pretende solucionar el problema de la socio-tecnología, sino sólo navegar sobre ciertas ideas relacionadas. No sé cómo no nadie sospechó que el problema no son los juegos, ni el correo, ni el Messenger. No entiendo cómo es que no lo dijimos automáticamente después de verlo, pero el problema es sencillamente la información. Ya lo imaginó Borges en El Aleph; sólo en la ficción es posible tolerar todo el conocimiento junto. Yo siento una angustia constante por mantenerme informada, que es la angustia normal que todos nos hacen sentir: “¿no sabías?” “¡¿pero cómo no te habías enterado?!” “todo el mundo sabe…”, en fin. ¿Es realmente importante estar informado? Yo creo que sí, pero de lo que no estoy segura es de si es lo más sano y seguro para un simple humano como tú o yo.

Si nos ponemos a pensar, los humanos no estamos diseñados para manejar grandes cantidades de información. Nos quedamos dormidos mientras leemos, nos distraemos fácilmente con una cosa y la otra, nos asustamos con los textos largos y relacionamos la memorización con la deshumanización. Hoy estoy más que convencida que nuestra lucha por el conocimiento es contra nuestros propios cerebros. Las cosas que vemos en los sueños, que no recordamos haber visto en la vida real, los nombres o detalles que olvidamos por completo y que de un momento a otro (cuando el cerebro decide parar de torturarnos) aparecen como Pedro por su casa, son sólo ejemplos de todo lo que él sabe y nosotros no. A veces nosotros también nos damos cuenta de que ahí está y no parece que pudiéramos recuperarlo.

Es delirante, entonces, que la humanidad haya llegado al punto de crear cerebros ambulantes que sigan burlando nuestra inteligencia. Fantásticos y fatales a la vez. Algunos humanos son capaces de encontrar múltiples utilidades a estas cosas, como lo hacen con su propio cerebro, otros presionan los mismos botones cada vez que se ilumina la pantalla de sus cerebritos. Para la gente que se deprime al saber que nunca podrá leer todo los libros que quiere leer en la vida, esta no es más que otra mala noticia. No es justo confundirnos, dudar de nosotros mismos o perder la memoria. En general, no es fácil ser dominados por el enemigo y encima tener que dormir con él. Justo en este momento, mi cerebro me acaba de robar una frase épica que había pensado para concluir este pequeño escrito.

Marakuya

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