The Beginning

[Italiano]

Después de la caída del muro de Berlín ya no quedaba ninguna duda: quedó claro que el modelo capitalista había ganado el pulso a la propuesta comunista y que el resto de la humanidad, queriéndolo o no, debía adoptarlo como modelo de vida. El capital se dibujaba como el camino a la felicidad. En ese entonces nadie cuestionó lo sucedido: el capitalismo prometía libertad, enormes pantallas de TV, lujos y la posibilidad de escalar en la pirámide social. Los campesinos aprendieron que lo importante era acumular papelitos verdes. Las mujeres a vestirse con paños finos. Los hombres a conducir brillantes vehículos. Los medios de comunicación a entretener antes que educar. La música a vender millones de discos con ritmos monótonos y pegajosos. La gente comenzó a experimentar el ansia de la distinción en pleno boom de la masificación. Los mercados se sobresaturaron, lo que generó crisis, desigualdad social, desesperación.

Uomo e lavatrice

Comenzaron a emerger un sinnúmero de objetos inútiles cuyo objetivo era alimentar nuestro estado de bienestar, cabe resaltar que dichos objetos y todo lo que conocemos proviene de la tierra cuyos recursos son finitos, lo que ha desatado la crisis ambiental que conocemos. Así mismo estos objetos no desaparecen del planeta lo que ha generado la sobreacumulación. La economía halló su sustento en el consumo y la cultura del usa y desecha poco a poco fue permeando casi todos los ámbitos de la humanidad, nuestras prácticas sociales, amorosas, nuestras identificaciones, nuestra cotidianidad. Nació la publicidad y sus imágenes de ensueño, sus encantadoras sonrisas, sus fórmulas mágicas para resolver cada uno de nuestros problemas.

Por primera vez nuestros deseos estaban representados en una pantalla, y no sólo eso, descubrimos también que se habían despertado en nosotros nuevos deseos y nuevas necesidades que no conocíamos que poseíamos y que sin embargo de un momento a otro se convirtieron en el eje de nuestra vida. Descubrimos también que para acceder a esos deseos-necesidades debíamos poseer capacidad adquisitiva, es decir, dinero. Y entre más posibilidad tuviéramos de alcanzar esos deseos-necesidades la vida se volvía más cómoda y placentera, y podríamos también pertenecer al grupo de las personas con una vida cómoda y placentera. Entonces no sólo el deseo-necesidad se había cumplido, sino que era un boleto directo a un clan selecto de personas, cuyo único requisito es la posibilidad de poseer.

Pero claro que así como se lee suena plano y aburrido, hace falta un poco de magia. El poseer por poseer carece de gracia y estilo, sin embargo el modelo ya había pensado en esto, por ello la experiencia del consumo y la masificación debe ser vivencial. El éxito del modelo capitalista ha sido justamente ese, ofrecer a sus fieles, una experiencia como aquella que ven en los comerciales de TV, o en las películas, entonces la vida “real” ya no es la imagen representada en la pantalla, sino que es la pantalla la que determina la teatralidad de nuestras casas, nuestras camas, los centros comerciales, los restaurantes y las universidades, los colores de la temporada, el último avance de la tecnología. Allí inicia el simulacro.

Todo lo que nos recuerda al mundo real comienza a darnos fastidio. La caca se elimina en un tirar de la cadena y no sabemos dónde va, lo mismo sucede con la basura, o con el desagrado que nos genera la pobreza, la suciedad, la enfermedad, la vejez. Lo que nos ofrece el simulacro es lo real y no sólo eso, también determina qué es positivo y qué no. El simulacro hoy se almacena en enormes edificios compuestos de microchips donde nuestras identidades son no más que imágenes holográficas de aquello que nosotros queremos proyectar de nosotros mismos acordes con el escenario que el sistema determina. Un mundo que se alza sobre el mundo sensorial y que adquiere con el tiempo vida propia, que nace de nosotros pero que ha logrado sobreponerse algebraícamente a nuestra voluntad, una bola de nieve de la información.

Y aquí estamos, nostálgicos de lo real, término que cada vez más se difumina en un espectro cuántico de miles de realidades. La búsqueda de la verdad es entonces un efecto casi obvio en un mundo donde es difícil reconocer las fuentes de la objetividad y el camino de vuelta al individuo en su forma más pura parece entonces un callejón sin salida.

[Xeh Reyes]

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