Venir aquí y dejar huella

Venir aquí y dejar una huella, algo que haga de tu existencia no solo un paso fugaz, irrelevante y descartable. Ser alguien, te dicen, ser alguien en esta vida, sobresalir de toda esta mediocridad.

Ese parece ser el paradigma bajo el cual crecemos, nos desarrollamos, generamos lazos y tomamos decisiones, unas más relevantes que otras, unas menos, todas urgentes, ninguna importante.

Tatuada en nuestro subconsciente esa necesidad imperiosa de sobresalir, de ser reconocido, de ser más que alguien, de dejar nuestra huella. Pero ¿En qué momento de todo este camino perdemos nuestra humanidad y nos convertimos en chacales del éxito? ¿En qué momento nuestra sed de gloria se sobrepone a nuestro instinto más básico que es la fraternidad para con nuestros pares?

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Vivimos (si es que se le puede decir vida) buscando aprobación, y una vez más ¿No es acaso el mejor, único y más importante reconocimiento el que late desde nuestro propio corazón, al sentir el regocijo de ayudar a otro? ¿de volver a lo más básico de nuestra existencia?

El mundo moderno, el vivir moderno y la evidente segregación que esto genera; los que todavía creen en nosotros y se niegan a perder la fe; quienes ya sucumbieron y no solo perdieron la esperanza sino que abrazan la ambición como motivo de orgullo y reniegan de cualquier real valor posible.

Aquí nos encontramos, aquí nos tocó nacer, una rueda de la fortuna cuyos usuarios llevan grilletes en pies y manos, y sin embargo una sonrisa de oreja a oreja, pero sus ojos, bien en el fondo, denotan esa angustia insoportable que da razón a los grilletes, sin los cuales se arrojarían todos al vacío, sin nunca parar de sonreír.

¿Dónde la crítica entonces? ¿Dónde la solución?… Lo básico de la simple idea no deja espacio para respuestas que no provengan de tu propia realidad, de tu interior y a la vez generan una gama de opiniones tan diversa como válida, tan obvia como absurda, pero tuya, tuya y de nadie más. Y esa es mi huella, mi verdad y mi razón de orgullo, no por algo que haya hecho con mi vida, sino porque por el simple hecho de nacer ya soy alguien, único e irrepetible, y que no gastará su vida buscando algo que siempre tuvo, que todos tenemos, que tú tienes.

Del Pino

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